Esta no es la historia de cuanto aconteció la noche del miércoles 14, que fue mucho y no todo bueno. Lo que paso… paso, y además me interesa mas contaros lo divertida que fue la vuelta en tren hacia casa.
Eso sí, pongámonos en antecedentes. Hoy jueves se ha celebrado en Inca el dijous bo, una fiesta de pueblo muy famosa en la isla sobretodo porque la noche anterior se monta la gorda. A esto lo llaman en un alarde de imaginación dimecres bo.
Pues allí estuvimos y para eso cogimos el tren.
Y transcurrida la noche, me dispuse a coger de nuevo el tren que me llevaría a casa (gracias Dios Enric), al cual entré de milagro ya que había mas gente allí que en el metro de Tokio en hora punta. Total, que me meti como pude tras varios empujones y codazos (que me dieron) y por supuesto me toco ir de pie. No es algo que me importe pese a que el viaje dura 45 minutos y tiene mas de 10 paradas, lo que realmente me molesta es que los vagones no tienen ventilación.
Como el revisor a esas horas ya debía estar por el segundo sueño, la gente se fumaba sus porros de marihuana con toda la tranquilidad del mundo mientras otros se terminaban la bebida y la gran mayoría nos moríamos de asco respirando toda clase de olores corporales. Pero para asco de verdad, la potada que echó el tío que tenia detrás… dentro del vagón… 3 veces. A la segunda vomitera la gente ya hacía apuestas sobre lo que había comido el pobre chaval.
Al menos me queda el consuelo de que siempre hay alguien peor que tu. El año que viene voy en coche.
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